22 protagonistas, a
veces más de 90.000 personajes
secundarios y un escenario de dimensiones enormes, 105m x 68 m. El estadio del
FCBarcelona, conocido como el Camp Nou es el origen de cánticos, de letrillas,
de emociones que han dado y dan la vuelta al mundo. El recinto pues, es el nido de muchas historias, de muchas
anécdotas, de muchas sonrisas y también de muchos lloros.
Todos los asistentes
de las instalaciones azulgranas siguen, sin darse cuenta, una misma pauta
cuando llegan al campo: encontrar el asiento correcto, ponerse cómodo, discutir
jugadas pasadas, hablar del tiempo. Entre disputa, conversación, risas y ruidos
de bolsas de frutos secos abriéndose, cerrándose, se empieza a escuchar de
fondo una melodía que obliga inconscientemente a los espectadores a dejar
aquello que hacían para atender a esa música, aquella letra del himno del Barcelona,
con la que se sienten, éstos, identificados.
Entre esta gente, María, de apellido Matons me hace una señal, que
pienso que significa que me siente, que escuche y que ahora hablamos. Un
silencio contamina el teatro azulgrana, justo antes que los intérpretes salten
al escenario para representar la obra que dura 90 minutos, aunque a veces un
poco más.
Cuando todo esto
termina, los personajes secundarios, algunos
frotándose los brazos para que la piel de gallina desaparezca, vuelven a tomar asiento y entre ellos, una
mujer de 77 años, quien anteriormente la he presentado, como María Matons.
Ella, se pone las gafas, igual que su amiga, se prepara sus atuendos: Camiseta
del Barcelona, los frutos secos, y sobretodo la virgen de Montserrat, que no
suelta en todo el partido de su mano derecha.
María, es socia,
pero hace tanto tiempo que lo es que no se acuerda de los años que viene y va
del campo a casa, o de casa a los distintas ciudades y países donde ha jugado
el equipo azulgrana. Sus último desplazamiento fue en Madrid, al campo del
eterno rival, en la final de la Supercopa de España. Antes de esa parada,
Moscú, Wembley, Roma, Paris y distintas ciudades españolas. La señora Matons al
querer recordar un momento feliz, con un gesto fuerte, y moviendo la cabeza de
derecha a izquierda explica que “en el
Camp Nou todo es tan bonito, todos los días aquí son increíbles”.
Antes de irme, María
me paró me aclaró que “hasta en los momentos más difíciles, aquellos días
cuando el Barça no ganaba, cuando el estadio estaba vacío y la gente no
confiaba en ellos, yo venia para animar a los jugadores y siempre, por
supuesto, con la virgen en mano” e incluso “cuando una vez el Barça jugó contra
el Sevilla a las 12 de la noche, estábamos aquí”, acabó .
No solo ella cuenta
su relación, casi matrimonial con el club, con los colores del equipo, sino que
en medio de estas 90.000 personas, en medio de esos miles de amantes del espectáculo
del futbol, las historias familiares, de amor, de amistad, nacen y emergen de
las gradas del estadio, de los alrededores de éste. Es por esto que, el Barcelona es mucho más que un club.